un páramo inhóspito, un sueño no querido,
yo andando por ahí perdido, no encontraba luz,
en ese justo momento apareciste tú.
Me deslumbrabas, yo reía porque sabía que estabas,
tu me sonreías y entonces lo malo pasaba,
tu venías, y yo iba, nos cogíamos la mano,
amanecía, se hacía de día, el miedo había pasado.
De la nada aparecía una bahía dorada,
en esa playa de arcángeles te besaba y me seguías,
caminábamos directos a una montaña recóndita,
todo era perfecto, tenía felicidad indómita.
Volvía el terror, estaba solo de repente, llovía sangre
y brotaban cadáveres descomponiéndose,
yo corría y corría y no avanzaba nada,
escuché un largo grito, la ola de muerto cesaba.
Aparecían mis amigos, nos poníamos en círculo,
era algo muy ridículo y bonito pero no duró,
no quedo cadáver, ni restos de ningún arma,
yo como único alma máter de este trauma.
Volvías, no se de donde, pero ahí estabas,
esta vez no me besabas, solamente apuntabas
con tu mirada hacia la mía, esa escena brilla
y no la veo, que terminara fue lo peor de la pesadilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario